sábado, 25 de octubre de 2014

Recorrido paisajístico desde Castellar de la Frontera a Jimena de la Frontera

CRÓNICA: RAFAEL RODRÍGUEZ

Salimos de Estepona a las 08:10 horas tomando la autovía A-7 en sentido hacia Algeciras y después de recorrer unos 23 kilómetros por dicha autovía, cruzaremos el puente sobre el río Guadiaro, dejando a nuestra derecha la población de Pueblo Nuevo. Tras unos 2 kilómetros de recorrido, tomamos la salida 130 siguiendo la indicación: Guadiaro-Castellar de la Frontera-Sotogrande-Centro Comercial, continuando después por la carretera A-2100 en sentido Castellar de la Frontera

De nuevo en la carretera A-2100 hacia Castellar, pasamos el cruce de Castellar Nuevo y seguimos las indicaciones hacia el castillo de Castellar, subimos unos 10 kilómetros por la carretera secundaria A-4100, una vía de montaña, de gran belleza paisajística, hacia el castillo de Castellar donde aparcamos los coches, cerca del castillo, después de haber recorrido unos 72 kilómetros. Esperamos unos minutos a que llegue el último coche y bajamos a dejar los coches en la Venta la Adelfilla.

El resto de compañeos aprovecha para acercarse a la entrada al castillo de origen medieval, situado sobre una montaña desde la que se divisa perfectamente toda la Bahía de Algeciras, el peñón de Gibraltar, la costa de África y pueblos cercanos. Es uno de los escasos ejemplos de fortificación medieval habitado que aún se conservan. La disposición y estructura de las casas recuerdan núcleos urbanos musulmanes aún existentes. Arriates de flores, macetas variadas y enredaderas, sirven de natural decoración a balcones y plazuelas.


Recorrido paisajístico hacia Jimena de la Frontera

Una vez aparcados los coches, seguimos en bajada por la carretera asfaltada, en el mismo sentido que traíamos, caminando unos 20 minutos para girar a la derecha continuando un kilómetro, aproximadamente, hasta llegar a una explanada circular con un vallado que tuvimos que atravesar a través de una puerta. Pasada esta, continuamos por un ancho camino forestal, de firme irregular, lo que provocó alguna caida sin importancia, con alguna que otra parada para reagruparnos y tomar algo de líquido, por el que andamos una hora y media, aproximadamente.

Al llegar a las vías del tren, las cruzamos y nos desviamos a la izquierda, continuando por un camino forestal por el que nos acompañan a lo largo de un buen trecho, las vías de la línea de ferrocarril de Bobadilla-Algeciras y un riachuelo. El camino forestal no tenía desniveles y era cómodo de andar, excepto un corto trecho que nos llevó unos diez minutos, siguiendo después por un trazado de largas rectas y bastante monótono. Una ligera brisa y el ganado que pacía tranquilo a ambos lados de la senda, nos hacía más llevadera la pista.

Paramos 20 minutos junto a un cortijo y una fuente tras haber recorrido la mitad del trayecto, para tomar algo de alimento y reagruparnos. 

Continuamos hasta llegar a un cruce con la vías de ferrocarril. Alguna duda del camino a seguir y con las indicaciones de Violeta, la guía, y del GPS, tomamos la pista de la izquierda siguiendo nuevamente el trazado de las vías del ferrocarril. 

Cruzamos campos de labor recien arados, que hicieron que la senda se perdiera en algunos momentos, arroyos y algunas cercas para el ganado hasta reeencontrarnos de nuevo con el camino agrícola más amplio y fácil de transitar. A nuestra izquierda, una impresionante vista del castillo sobre los campos labrados nos acompaña en nuestro recorrido.

El grupo se  divide, dada la facilidad del terreno, permitiéndonos una marcha relajadala en conversación con los compañeros. Tras unos kilometros, volvemos a detenernos bajo unos abedules para reagruparnos. Ya tenemos a la vista la venta, lo que nos hace el último tramo del camino mucho más llevadero.

Llegamos a la carretera A-405, tras sortear una vaya de ganado y de ahí, recorriendo unos cientos de metros por el asfalto, a la Venta la Adelfilla, tras haber completado 13 kilómetros. 

Tiempo para dejar las mochilas, palos, cambios de calzado... etcétera y para que Javier y Rafa se desplacen a Castellar a recoger el coche que dejamos allí. 

Los compañeros piden la comida para no retrasarnos en exceso. A la llegada de los condutores comenzamos a comer un variado menú compuesto de platos de patatas fritas, huevos, lomo, secreto ibérico, pollo, lagarto chorizo, pimientos fritos y tagarnina para alguna compañera, todo ello con tinto de verano y cervezas. En los postres cantamos "cumpleaños feliz" a nuestra compañera Rosa. 

Unos chupitos, invitación de la casa y retomamos la marcha al lugar de partida, esta vez por El Tesorrillo.

A las 18:15 horas llegamos al lugar de salida, dando por concluida una nueva ruta y una jornada muy relajada en compañía de amigos.


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PARTICIPANTES
De izquierda a derecha: Rosa María Martín, Javier Duarte, Paqui Naranjo, Rafael Rodríguez, Isabel López, José Luiís Gil, Violeta Montequín, Margaret O´Connor, Miguel Ángel Pernas, Manuel Muñoz y Rima. No sale Martine Colombu.

VISTA SATÉLITE

 MAPA TOPOGRÁFICO
 PERFIL DE ALTURA
 GALERÍA FOTOGRÁFICA
Fotos: Isabel López y Rafael Rodríguez  


    

sábado, 18 de octubre de 2014

Recorrido circular por los castañares de Jubrique a Genalguacil



CRÓNICA: IGNACIO PÉREZ DE VARGAS

Algunas  rutas se pueden repetir cada año, sin temor a que los participantes puedan acusar cierto desencanto por transitar por los mismos parajes, que han sido visitados en años anteriores, porque la belleza del entorno nos hace disfrutar como si fuese la primera vez que recorremos esos lugares, es más, creo que algunas rutas deberían repetirse cada año.

En ellas, incluimos la ruta Jubrique-Genalguacil-Jubrique. Este año, diez integrantes del Club hemos tenido la oportunidad de disfrutar de la ruta, con un tiempo claramente veraniego, con temperatura entre 20 y 25 grados.

Como es habitual, a las 8:00 horas, hemos partido del Bar Estadio, en dos vehículos, en dirección a Jubrique, ascendiendo por la carretera de montaña que nos conduce a Peñas Blancas (15 km), disfrutando de las maravillosas vistas sobre nuestras costas, para continuar, una alcanzado el puerto de Peñas Blancas, dirección a Jubrique (17 km), en este segundo tramo disfrutando de las vistas sobre el valle del río Genal y sobre los pueblos dispersos, rodeados del color verde de los bosques.

A la entrada de Jubrique, aparcamos los coches, y a continuación, iniciamos nuestro recorrido, aproximadamente a las 9:30 horas. Este año, no encontramos la actividad de los recolectores de castañas, que sí vimos el pasado año.

La primera parte de la ruta, la hicimos por un carril descendente hasta llegar al arroyo Monardilla, cuyo cauce cruzamos, ante el escaso caudal de agua, sin necesidad de utilizar un puente de madera, que se encontraba situado en el lecho del río.

A partir de ese punto, la ruta continúa por un sendero ascendente, rodeado de castaños y alcornoques, si bien, salpicado de nogales, madroños, olivos y otras especies.

En muchos  tramos del carril, el suelo aparecía cubierto por un manto de erizos secos, unos vacíos y otros con castañas en su interior, lo que nos permitió recoger algunas para consumo de los senderistas, eso sí, sólo las que se encontraban en el carril público, respetando los límites de las fincas privadas.
Durante el recorrido, en algunos tramos, pudimos observar a nuestra derecha la sierra que separa el río Genal del Guadiaro, en cuya ladera, se encuentran los pueblos de Banarrabá, Algatocín y Benalauría.

En otros tramos, a nuestra izquierda, aparecía la cara norte de Sierra Bermeja, cuyo perfil queda dibujado en el horizonte, resaltando su punto más alto Los Reales.

Al llegar a la parte más alta del sendero, pudimos disfrutar de las vistas de la cara norte de Sierra Crestellina.

El descenso hasta Genalguacil lo hicimos por un amplio carril, sin dificultad, donde llegamos a las 12:30 horas.

Una vez reagrupados, recorrimos el pueblo y nos hicimos algunas fotos junto a las esculturas que adornan sus calles hasta llegar a la Venta Las Cruces, en la que tomamos el aperitivo amenizado con un interesante debate sobre las expectativas electorales de unos y otros grupos políticos.

A las 13:30 horas, decidimos iniciar la segunda parte de la ruta, es decir, el regreso a Jubrique, por el mismo camino, un carril en suave ascenso y posteriormente con un descenso pronunciado hasta el arroyo Monardilla.

Sin embargo, a partir del arroyo, la cuesta de Banajarón, se convirtió en el tramo más complicado de la ruta, en su parte final, a escasos metros del punto de llegada, decidimos tomar el bocata, sentados en una pequeña vaguada junto al camino.

Así completamos una agradable jornada de senderismo.


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   El grupo de participantes en la ruta, en la entrada a la venta "Las Cruces" de Genalguacil, de izquierda a derecha: Ana Ortiz, José Luis Jiménez, Isabel López, Purificación Ruedas, Antonia Torrecilla, Manuel Muñoz, Ignacio Pérez de Vargas, Miguel Alonso, Margaret O'Connor y Rima.



  MAPA DEL RECORRIDO POR CARRETERA DE ESTEPONA A JUBRIQUE

    Recorreremos 33,1 kilómetros desde el Bar Estadio hacia Jubrique en unos 49 minutos según Google Maps.

VISTA SATÉLITE

MAPA TOPOGRÁFICO

PERFIL DE ALTURA

 GALERÍA FOTOGRÁFICA
(Fotos: Isabel López, Miguel Alonso e Ignacio Pérez de Vargas)

sábado, 11 de octubre de 2014

Recorrido lineal desde Genalguacil a Casares


CRÓNICA: MIGUEL ALONSO

De Estepona salimos, pasadas las ocho de la mañana, en un autobús de la empresa Autocares J. Domínguez, que alquilamos para que nos acercara a Genalguacil y nos recogiera al término de la ruta en el pueblo de Casares.


Desde el Bar Estadio nos dirigimos a Genalguacil por la carretera MA-8301 (antigua MA-557) que desde la avenida de Andalucía comienza la subida hacia el pueblo serrano de Jubrique, llegando al puerto de Peñas Blancas (975 m) al cabo de unos 14,2 kilómetros, continuando hacia Jubrique por la carretera que seguía a la derecha, un bonito recorrido con un trazado de muchas curvas, que algunos tuvimos que aguantar sin haber desayunado y a punto de marearnos. A Genalguacil llegamos habiendo recorrido unos 43 kilómetros en 1:30 horas.


Entorno y recorrido
Esta Etapa 28 de la Gran Senda de Málaga (GR-249), transcurrió por las umbrías laderas de los bosques del Valle del Genal, en plena Serranía de Ronda, que siempre tuvimos a la derecha y, en algunos tramos, con vistas al Mediterráneo. Un recorrido bastante exigente, casi siempre a la sombra de grandes alcornoques, quejigos y pinos resineros, siguiendo los caminos que antiguamente unían los pueblos de Genaguacil y Casares.

El sentido de la ruta era norte-sur, con la excepción de dos bucles, uno al principio, hacia el este y otro después, hacia el oeste.

El recorrido discurrió por pistas forestales de tierra y por algunos de los pocos caminos de herradura que todavía se conservan, especialmente los que nos sirvieron para vadear los arroyos y ríos que, con origen en la cercana Sierra Bermeja, vierten sus aguas al río Genal. Estábamos ante una etapa caracterizada por varias cuestas, con subidas y bajadas hacia o desde el fondo de los valles, de andar asequible pero exigente con un desnivel de subida de 782 metros y 913 de descenso, resultando un desnivel positivo acumulado de 1695 metros, teniendo la cota más alta en el Puerto de las Viñas con 638 metros sobre el nivel del mar y la más baja en el arroyo de los Aljarames con 133.

El recorrido concluyó en la carretera de circunvalación al pueblo, a la altura del Mirador de Casares, desde el que contemplamos una panorámica de extraordinaria belleza, un estereotipo del pueblo blanco andaluz: calles estrechas, empinadas y sinuosas y casas encaladas.

La ruta por la Cuenca del río Almárchal
La etapa se inició en el Mirador de los Poyetes o de la Lomilla (530 m), situado en la parte sur de Genalguacil, al final de la Calle Real, muy cerca de la iglesia de San Pedro de Verona. Los primeros metros transcurrieron en el paraje del Cerecillo, tirando hacia el este por una vereda que pasaba entre acantos. Al poco, este antiguo camino paso a ser un carril rodeado de bancales donde vimos algunos olivos y chumberas. En los taludes, encinas y alcornoques mientras que el olivar iba dando paso a huertas antes de llegar al primer vado, el del arroyo de la Pasada (km 1,1), con un reguero de agua y alguna unciana entre escasos chopos y almeces.

Seguimos por un nuevo tramo de vereda en ascenso pasando por la Casa del Helechal, con vistas hacia Genalguacil, entre castaños, alcornoques y almendros hasta que llegamos a un carril terrizo que resultó ser la carretera que iba hacia el Puerto de Peñas Blancas. A escasos metros, en el Puerto de la Loma, nos desviamos hacia el sur por un carril más estrecho que sseguía subiendo dejando a la derecha las ruinas de un lagar y bodega.

El primer alto del camino lo hicimos en la Loma de las Posteruelas, donde el olivar convive con encinas y las ruinas de algunas chozas y casas, comenzando el descenso a través de una cancela que daba paso a unos miradores (527 m) sobre los pueblos del Bajo Genal (Genalguacil, Algatocín, Benarrabá y Gaucín con su Castillo del Águila), a la sombra de unos pinos resineros. Tras una curva, el amplio paisaje que se observaba (km 2,4) es el de Sierra Bermeja enfrente, con los afilados pinsapos y las antenas de telecomunicaciones coronando las rojizas cumbres y, hacia el sureste, la Loma de Benestepar donde se asienta un antiguo despoblado morisco.

El valle del río Almárchal
Tras una angarilla o puerta, comzamos una espectacular bajada entre viejos alcornoques, muy encajada entre pizarras y trozos de cuarzo, la Cuesta de la Bañuela. Aquí, comenzamos a tener buenas vistas sobre el valle del río Almárchal, donde observamos como la vereda se ponía más agreste al girar hacia el oeste y pasar por una solana rocosa y tremendamente empinada, el antiguo camino de herradura, que pasaba por las cabrerizas de la Mandanga o las Madres y llevaba a la confluencia del Almárchal (273 m) con la Garganta de la Cueva del Vaque, donde un llamativo colmillo de roca señalaba el lugar en el que está el Charco de la Vega (km 3.5).

Tras vadear el río y cruzar una nueva angarilla, anduvimos un corto tramo de carril, el de acceso a la Vega de los Almeces y el Cortijo de la Vainilla, que tuvimos que abandonar para alcanzar de nuevo la antigua vereda que subía por el paraje de las Rozas. Ésta desembocó al poco en un ancho carril, por el que llaneamos a través de un bosque de chaparros y quejigos junto con lentiscos, brezos cuchareros, aladiernos, labiérnagos y escobones. Al poco, el bosque cobijaba a ambos lados del carril un castañar en el que sorprendía el tamaño de los árboles. Desde aquí, obtuvimos nuevas vistas de Genalguacil, cerca de otro de los hitos del día, el Puerto del Lentisco (km 6.0).

La Alharía o Ajería
Progresivamente se iba abriendo el paisaje hacia la derecha, de modo que se contemplaba la cinta de chopos del Genal y las vegas de los Pepes, la Gamona y los Lobos entre la masa arbórea. Dos destacadas moles calcáreas cerraban el valle hacia el suroeste poniendo fin a la Serranía de Ronda, con la Sierra Crestellina a la izquierda y, al otro lado del río, el Hacho de Gaucín. Hasta llegar a La Alharía estaban la Fuente del Gas y los arroyos de los Adrianes y de los Caldereros. En medio de los dos últimos, en un cruce de veredas, había algunos de los lagares donde se fabricaba el aguardiente. Llegando al Puerto de Barrionuevo, un pequeño cerro a la derecha, tras el que se localizaban las principales construcciones de La Alharía (389 m).

Un poco más adelante, en un cruce múltiple de caminos forestales, abandonamos el Camino de Casares, que sigue al frente, muy encajado entre la arboleda, zigzagueando hacia el oeste pasando por la linde del Monte del Duque.

Los Montes del Duque
Esta propiedad, de vocación cinegética, con más de 2.000 hectáreas donde medran jabalíes (los más abundantes), ciervos, muflones, gamos y corzos (muy escasos) ocupa principalmente la cuenca del arroyo de los Zaharames y la Garganta de las Alberquillas, más al sur, delimitadas en el eje oeste-este por el Genal y Sierra Bermeja respectivamente.

El recorrido por la finca del Monte del Duque comenzó bajando por una empinada cuerda, que es linde, donde una vía de saca ha cortado en dos el antiguo sendero, cuyas redondas curvas aparecen a ambos lados. La exposición a la insolación por su orientación sur, hace que prospere un alcornocal con pinos resineros y un abundante matorral de jara pringosa, de bastante altura. Un par de ejemplares de chaparro, de grandes dimensiones, y una ruina a la izquierda, mediada la cuesta, daba paso a una zona más abierta desde la que se veían muy bien los meandros y vegas del también llamado arroyo de los Aljarames.

Así llegamos a los tarajales y cañaverales del vado (13:46 h), habilitado en tiempos por un grueso tronco que todavía puede servir para salvar el cauce en las crecidas, accediendo a un carril más ancho que tomamos a la izquierda, con el monte y un huerto de aguacates flanqueándolo.

Pronto abandonamos la pista forestal para pasar por una nueva cancela del Monte del Duque (13:50 h) mediante un vial que ha devenido en vereda. La dirección de la marcha era ahora nuevamente sur. Los Zaharames estában a muy poca altitud, 130 metros sobre el nivel del mar, y marcaban el kilómetro 9.5 del recorrido. Aún quedaban unos largos 7.5 kilómetros de subida hasta el Puerto de las Viñas (640 m) con más de 500 metros de desnivel.

El siguiente hito (13:58 h), claramente diferenciable, era la Huerta de Crespillo (184 m), donde había algunos cítricos junto a una casa en ruinas, dando comienzo otro buen paseo por el monte, que enfrentamos realizando varias paradas. La primera excusa fue un bosquecillo de durillos y madroños en las umbrías de las primeras curvas del carril. Al llegar a la Ensillada del Amolador, un puerto en la loma, teníamos el río Genal al oeste y la Garganta de la Cuesta al este, con sentidos de corriente de agua contrapuestos. Otra empinada cuesta más donde las curvas ayudaban a avanzar, en la denominada Cuerda de los Coloradillos, llamada así por el color del suelo.

En este ascenso, las cumbres de la loma las dejamos a la izquierda, habiendo determinados lugares despejados, en la divisoria de aguas, donde se abrían las vistas (14:17 h); hacia poniente, con Gaucín y su Castillo del Águila y a levante, Sierra Bermeja. Esto era especialmente remarcable en los alrededores de una caseta de vigilancia forestal, situada en alto, sobre un entramado de madera (14:35 h), que había en el kilómetro 11.5, a partir de la cual, además, la pendiente se suavizaba algo. Las dehesas de grandes alcornoques se iban sucediendo, circunstancia que aprovechamos parando a un lado del camino para reagruparnos, momento que elegimos para comer (15:05 h) y tomar un descanso.

Tras los bocadillos y antes de continuar, nos hicimos la foto de grupo, emprendiendo seguidamente la caminata (15:28 h) hasta llegar a una nueva encrucijada, pasando a la zona umbría de un cerro, el del Puerto Paloma, entrando en un hermoso quejigal donde, entre los brezos, destacaban algunos grandes arbustos de arrayán.

De vuelta a la zona de solana, tras un cruce en el que destacaba una gran piedra pizarrosa, había un excelente mirador natural hacia el bastión septentrional de Sierra Crestellina (4.561 m), al otro lado de la Garganta de la Alberquilla, luego, una zona más llana que han aprovechado los propietarios de la finca para rehabilitar, como ermita, la construcción conocida como el Cuartel (km 13.7), construir algunas naves y asentar un pequeño helipuerto (15:51 h).

El recorrido, siempre respetuoso con las propiedades del Monte del Duque, dejaba también fuera del trazado las oficinas y la residencia principal, la Majada de Madrid (16:45 h), cercada con un seto de cipreses, donde también  se sucedian los alcornocales y los quejigales. La tradicional saca de las corchas de la finca motivó la construcción de las naves anexas a la casa que se conocen como el Raspadero, en el que se recortaban las panas de corcho para apilarlas y sacarlas del monte.

Sierra Crestellina y el arroyo del Albarrán
Todavía en subida, aunque bastante más suave, Sierra Crestellina estaba cada vez más cerca, cuando accedimos a un nudo de comunicaciones muy importante, el Puerto de los Guardas. Era fácil localizarlo puesto que desde este viso se veía claramente por primera vez el mar, el destino del camino tradicional hacia Estepona, que baja por La Acedía. El sendero, no obstante, continuaba subiendo un poco para salir del Monte del Duque por una angarilla (17:00 h).

En el Puerto de las Viñas (km 17.1) había un panel anunciador de la parte final del sendero Crestellina Natural (17:04 h), comenzando el Paraje Natural (638 m). El Camino de las Viñas empezaba ahora a descender, utilizando un carril con zahorra, dejando a la derecha el arroyo del Albarrán y los perfiles enriscados de la sierra que acompañan al sendero en sentido sur.

En este tramo se sucedían, a izquierda y derecha, varias casas de campo, mientras se pasaba por el rebaje donde está la toma de agua de Casares. El arroyo se iba encajando entre pinos, alcornoques, encinas, algarrobos y acebuches, estando la Gran Senda de Málaga cada vez a mayor altura sobre el fondo del valle. Al fin se veía Casares al frente, ante nuestra vista, construida entre cortados y afilados picos con el Mediterráneo de fondo. Un mirador improvisado y un posterior descansadero daban paso a la Fuente de la Arqueta o de la Arquita (17:03 h).

Lo que restaba para finalizar la ruta era llegar hasta la carretera de circunvalación de Casares (18:06 h), continuando después hacia el Mirador de Casares (18:15 h) donde esperamos al autobús mientras nos tomábamos unos refrescos o cafés, en un restaurante cercano al mesón Casa Curro, que estaba cerrado, disfrutando de unas preciosas vistas del pueblo desde esta plataforma, hasta que al rato, tras un descanso, emprendimos el regreso pasadas las seis de la tarde.

A Estepona llegamos a las siete y veinte, parando en el Bar Estadio y dando por finalizada una bella ruta conducidos por Antonio Muñoz, excelente guía y gran conocedor de estos parajes, que nos fue ilustrando con sus comentarios los lugares por los que pasábamos, haciéndonos muy amena la excursión.
Hasta la próxima.

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   El grupo de 21 excursionistas en el Monte del Duque. De izquierda a derecha: Paquita Naranjo, Francisco Quirós, Francisca del Río, Sofía Mateos, Luis Naranjo, Julio Corbacho, Margaret O'Connor, José Antonio Quirós, Lola Criado, Francisco González, Alejandro Castro, Luis Clemente, Loli García, Gabriel Guerrero, Miguel Alonso, Ignacio Pérez de Vargas, Benjamín González, Javier Duarte y Rosa María Martín. Hace la fotografía José María Moreno.

  RECORRIDO POR CARRETERA DE ESTEPONA A GENALGUACIL


             
PERFIL Y DISTANCIAS DE LA RUTA

  
GALERÍA FOTOGRÁFICA 
(Fotos: Miguel Alonso, José Antonio Quirós, Ignacio Pérez de Vargas y Luis Clemente)



sábado, 4 de octubre de 2014

Ruta de los Molinos: circular desde los Baños de la Hedionda a Casares



CRÓNICA: MIGUEL ALONSO

Desde Estepona salimos cerca de las nueve de la mañana, ya que algunos compañeros nos pidieron unos minutos para tomarse un café en el Bar Estadio pues se quedaron dormidos y no habían desayunado por llegar a la hora de partida.

Tras los cafelitos, nos dirigimos en dos coches, un pequeño grupo de ocho socios, cuatro en cada vehículo, por la autovía A-7 hacia Manilva y en la rotonda situada en el punto kilométrico 146,5, tomamos un desvío a la derecha (camino de Sabinillas a Casares), a la altura del supermercado Lidl, siguiendo la carretera hasta atravesar, bajo un puente, la autopista de peaje AP-7.


A los pocos metros de recorrido, accedimos a un carril terrizo que se iniciaba a nuestra derecha y que nos llevó a la altura de la ermita de San Adolfo (9:20 h), donde, en un rellano bajo la sombra de unos árboles, dejamos aparcados los coches, cerca del inicio del sendero local “Canuto de la Utrera” (SL-11), por el que finalizaríamos nuestra larga ruta circular al atardecer.


Entorno de la ruta
Una zona de gran belleza por la variedad de paisajes por la que transitaríamos; unos bosques de ribera, vegetación típica mediterránea, arboleda de acebuches y algarrobos en cañones de calizas, con vistas sobre la costa mediterránea, las primeras montañas de la Serranía de Ronda, la Sierra de la Utrera, conocida también por El Castillón, conjunto kárstico, el más meridional de Europa. Este macizo lo atraviesan tres valles encajonados y paralelos a la costa, denominados canutos, de paredes verticales, donde nidifican numerosas aves, entre ellas el águila perdicera y el alimoche. El karts está franqueado al este por el arroyo de Albarrán o río Manilva, por el que iniciaríamos la ruta y al sur por el Canuto de la Utrera, por el que finalizaríamos nuestro recorrido al caer la tarde.

Ruta de los Molinos
Desde el lugar donde aparcamos los coches, comenzamos el recorrido, siguiendo el camino de la derecha, para continuar por una senda que bordeaba el río Manilva, conocido también por arroyo del Tocón u arroyo de Albarrán, ruta local conocida como de los Baños (SL-10) o de los molinos, de tradición morisca (siglo XVI), la mayoría de ellos en ruinas, no así la antigua acequia, que está en uso y el acueducto, cercano a los Baños de la Hedionda por el que pasamos y un balneario de aguas sulfurosas, usadas desde tiempo de los romanos, que actualmente está abandonado.

El sendero, que unía antiguamente los municipios de Manilva y Casares, discurrió por dos tramos claramente diferenciados.

Primer tramo
A los pocos metros de recorrido, llegamos a los famosos baños de aguas sulfurosas Baños de la Hedionda (9:27 h) nombre que deviene por el fuerte olor que desprenden las aguas por contener Sulfuro de Hidrógeno (H2S), siguiendo a pie una senda a la izquierda del río, en sentido ascendente, recorriendo unos 3,5 kilómetros. Este tramo es el que presentaba mayor dificultad, sobre todo por la necesidad de tener que vadear el río varias veces por un sendero muy bien señalizado con marcas verde y blanca y amarilla y blanca, al coincidir trazados locales y de corto recorrido.

Al poco llegamos al primer molino (9:48 h) que encontramos rodeado de huertos de naranjos y cuya acequia, aún en servicio, data del siglo XVI. Después de dejar atrás el molino, tuvimos que vadear el río por tres veces, hasta situarnos unos 300 metros aguas arriba, en la margen izquierda del río, a la altura de un gran eucalipto que teníamos en la ribera de enfrente, que nos servía de referencia para comenzar la subida por un estrecho sendero (10:30 h). El recorrido era especialmente interesante ya que discurría encajonado por una angostura creada por la erosión de la roca caliza dando ocasión a formas caprichosas que resultaban de especial belleza.

Una vez que alcanzamos la parte alta del sendero llegamos a una alambrada con una puerta que tuvimos que abrir para continuar la marcha (10:55 h), siguiendo el recorrido en sentido descendente hasta llegar, en pocos minutos, a las ruinas del antiguo molino del Cancón, siguiendo unos metros más adelante hasta llegar a otro molino restaurado y muy bien cuidado, con espacios y cuadras para caballos, que el dueño, un británico, al parecer, dedica al deporte del polo.



 dedica al deporte del polo.
A partir de aquí, la ruta se alejaba del cauce del río, siguiendo por una senda junto a las cuadras de caballos, y tras cruzar la cancela (11:05 h), un cartel, en la puerta, anunciaba que estábamos en el sendero local “Los Baños” (SL-10). Unos metros más hasta llegar al alto de una loma divisando, al frente, el pueblo de Casares.

Seguimos avanzando por una planicie en sentido nornordeste en busca de otra portada (11:13 h) que nos llevó a una alambrada de color verde, por la que bajamos pegados a ella hasta llegar de nuevo al cauce del río y ver otro molino con una chimenea redondeada que, a preguntas a un hombre montado en un caballo, este nos dijo que se le conocía por “Molino del Sordo” (11:33 h). 

Cruzamos el río un par de veces más hasta situarnos en la margen este, con el cauce a nuestra izquierda, continuando por una cómoda senda hasta llegar (11:49 h) al “Molino del Americano” o “Molino Rojo”, nombre que creo se debe al color con el que están pintadas las paredes de la finca. Una gran casa que parecía abandonada, con varias piedras de moler (ya en desuso) en el cauce del río para facilitar el paso de este.

Segundo tramo
En el molino del “Americano” comenzaba el segundo tramo, de cierta dificultad, con una longitud de 1.900 metros hasta Casares, por un carril ascendente, que iniciamos pasado el río, por una senda empedrada de unos 100 metros de longitud, llegando al poco a un cruce de caminos (12:02 h), donde en un poste, unas tablillas indicaban los senderos a seguir. El de “Los Baños” (SL-10), por el que nosotros veníamos; la Gran Senda de Málaga (GR-249) y el de Pequeño Recorrido (PR-A 162). Desde este punto nos quedaban unos tres cuartos de hora hasta llegar a Casares.

El camino pasaba junto al nuevo cementerio (12:32 h) para seguir por una empinada calle hasta llegar a la Plaza de España (13:00 h) donde, sobre un pedestal, había un busto de Blas Infante, considerado el padre de la patria andaluza y una fuente de agua construida en 1785 bajo el reinado de Carlos III. Después de un descanso en la terraza del Bar-Café “Los Amigos”, en la plaza de España, junto al monumento, donde tomamos unos refrescos, emprendimos el regreso, no sin antes hacernos la foto del grupo por un señor italiano que se brindó a ello (13:32 h).

Camino de regreso
Después de la foto de grupo, emprendimos el regreso en sentido inverso al de subida, pasando por un bello lugar con un mirador y en cuya calle había un horno de bonita estampa, todo él pintado de blanco. Casi una hora de recorrido hasta vernos de nuevo ante el “Molino Rojo”, lugar en el que paramos para tomarnos el bocadillo (14:39 h). Tras un breve descanso, emprendimos la marcha cruzando el río (15:09 h) y al llegar al “Molino de los Caballos” (15:39 h) cruzamos el río por un puente metálico llegando al “Canuto Chico” y a la pista de hormigón que, tras una fuerte subida, nos llevó a la altura de un poste de cables de alta tensión (16:08 h), referencia por la que nos teníamos que desviar para seguir, campo a través, sin ninguna señalización, hacia la carretera. Tomamos un camino equivocado, pasando con un cierto riesgo ante unos colmenas para criar abejas y cosechar miel.

Al fin llegamos al kilómetro 9 de la carretera A-377 que, desde Manilva lleva a Casares (16:58 h). Un par de kilómetros andando, aproximadamente, hasta las cercanías del kilómetro 7 donde, a la izquierda, tomamos un desvío para iniciar el sendero local del “Canuto de la Utrera” (SL-11), un recorrido de 2,4 kilómetros.


La Sierra de la Utrera
Conocida también como “Canchos de la Utrera” o “El Castillón”, posee un importante patrimonio paleontológico, con el registro de fósiles que abarca desde el Jurásico hasta el Plioceno, y por el que ha pasado el hombre prácticamente desde el inicio de la Prehistoria. Posee numerosas cuevas, entre las que destaca la del Gran Duque, hábitat del hombre del neolítico.

Tras la carretera, entramos en el paraje conocido por Los Llanos (17:04 h), detrás del que comenzaba el Canuto Grande de la Utrera, recorrido que nos llevaría una hora de caminata hasta el lugar donde dejamos aparcados los coches.

Recorrido por el Canuto Grande
Al comienzo del canuto, pasamos ante una columna de piedras (17:14 h) en la que una placa recuerda a una antigua amiga y senderista, Cristina Martín, ya fallecida.

Según avanzábamos, la estrechez del valle se iba encajonando dando lugar a un arroyo, donde la lluvia, a lo largo de los milenios, ha excavado la roca hasta formar un estrecho pasillo, por donde caminábamos con dificultad, debido a las grandes piedras que tuvimos que sortear, pero de gran belleza por los bellos cortados que ibamos contemplando.

Poco a poco fuimos atravesando el cañón, pasando por unas instalaciones abandonadas; dos grandes espacios en forma de piscinas que se construyeron ante la posibilidad de encontrar petróleo. Finalmente solo encontraron bolsas de gas, menos mal, abandonando el complejo construido a tal efecto y dejando este espacio en un estado deleznable a cuya situación se une la explotación de una cantera de áridos que está destruyendo la sierra a pasos agigantados. Próximos al final, observamos una maravillosa estampa del cañón con el Mediterráneo al fondo.
Ya en el punto donde teníamos los coches (18:22 h), esperamos unos minutos a que, José Luis Jiménez, que se había adelantado al último grupo, regresara de darse un chapuzón en los baños. Una vez reagrupados, emprendimos el regreso a nuestras casas cuando el reloj marcaba las seis y veinte de la tarde, llegando a Estepona sobre las siete.
Hasta la próximo ruta.

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   El grupo ante el busto a Blas Infante en la plaza de España de Casares. De izquierda a derecha: Miguel Alonso, Luis Clemente, Luis Resina, Margaret O'Connor y Rima. Detrás, Manuel Muñoz, José Luis Jiménez, Paquita Naranjo.



   RECORRIDO EN COCHE DESDE ESTEPONA A LA ERMITA DE SAN ADOLFO DE MANILVA


  VISTA SATÉLITE


 
MAPA TOPOGRÁFICO


  
PERFIL DE ALTURA





GALERÍA FOTOGRÁFICA
(Fotos: Miguel Alonso y Manuel Muñoz)