sábado, 11 de octubre de 2014

Recorrido lineal desde Genalguacil a Casares


CRÓNICA: MIGUEL ALONSO

De Estepona salimos, pasadas las ocho de la mañana, en un autobús de la empresa Autocares J. Domínguez, que alquilamos para que nos acercara a Genalguacil y nos recogiera al término de la ruta en el pueblo de Casares.


Desde el Bar Estadio nos dirigimos a Genalguacil por la carretera MA-8301 (antigua MA-557) que desde la avenida de Andalucía comienza la subida hacia el pueblo serrano de Jubrique, llegando al puerto de Peñas Blancas (975 m) al cabo de unos 14,2 kilómetros, continuando hacia Jubrique por la carretera que seguía a la derecha, un bonito recorrido con un trazado de muchas curvas, que algunos tuvimos que aguantar sin haber desayunado y a punto de marearnos. A Genalguacil llegamos habiendo recorrido unos 43 kilómetros en 1:30 horas.


Entorno y recorrido
Esta Etapa 28 de la Gran Senda de Málaga (GR-249), transcurrió por las umbrías laderas de los bosques del Valle del Genal, en plena Serranía de Ronda, que siempre tuvimos a la derecha y, en algunos tramos, con vistas al Mediterráneo. Un recorrido bastante exigente, casi siempre a la sombra de grandes alcornoques, quejigos y pinos resineros, siguiendo los caminos que antiguamente unían los pueblos de Genaguacil y Casares.

El sentido de la ruta era norte-sur, con la excepción de dos bucles, uno al principio, hacia el este y otro después, hacia el oeste.

El recorrido discurrió por pistas forestales de tierra y por algunos de los pocos caminos de herradura que todavía se conservan, especialmente los que nos sirvieron para vadear los arroyos y ríos que, con origen en la cercana Sierra Bermeja, vierten sus aguas al río Genal. Estábamos ante una etapa caracterizada por varias cuestas, con subidas y bajadas hacia o desde el fondo de los valles, de andar asequible pero exigente con un desnivel de subida de 782 metros y 913 de descenso, resultando un desnivel positivo acumulado de 1695 metros, teniendo la cota más alta en el Puerto de las Viñas con 638 metros sobre el nivel del mar y la más baja en el arroyo de los Aljarames con 133.

El recorrido concluyó en la carretera de circunvalación al pueblo, a la altura del Mirador de Casares, desde el que contemplamos una panorámica de extraordinaria belleza, un estereotipo del pueblo blanco andaluz: calles estrechas, empinadas y sinuosas y casas encaladas.

La ruta por la Cuenca del río Almárchal
La etapa se inició en el Mirador de los Poyetes o de la Lomilla (530 m), situado en la parte sur de Genalguacil, al final de la Calle Real, muy cerca de la iglesia de San Pedro de Verona. Los primeros metros transcurrieron en el paraje del Cerecillo, tirando hacia el este por una vereda que pasaba entre acantos. Al poco, este antiguo camino paso a ser un carril rodeado de bancales donde vimos algunos olivos y chumberas. En los taludes, encinas y alcornoques mientras que el olivar iba dando paso a huertas antes de llegar al primer vado, el del arroyo de la Pasada (km 1,1), con un reguero de agua y alguna unciana entre escasos chopos y almeces.

Seguimos por un nuevo tramo de vereda en ascenso pasando por la Casa del Helechal, con vistas hacia Genalguacil, entre castaños, alcornoques y almendros hasta que llegamos a un carril terrizo que resultó ser la carretera que iba hacia el Puerto de Peñas Blancas. A escasos metros, en el Puerto de la Loma, nos desviamos hacia el sur por un carril más estrecho que sseguía subiendo dejando a la derecha las ruinas de un lagar y bodega.

El primer alto del camino lo hicimos en la Loma de las Posteruelas, donde el olivar convive con encinas y las ruinas de algunas chozas y casas, comenzando el descenso a través de una cancela que daba paso a unos miradores (527 m) sobre los pueblos del Bajo Genal (Genalguacil, Algatocín, Benarrabá y Gaucín con su Castillo del Águila), a la sombra de unos pinos resineros. Tras una curva, el amplio paisaje que se observaba (km 2,4) es el de Sierra Bermeja enfrente, con los afilados pinsapos y las antenas de telecomunicaciones coronando las rojizas cumbres y, hacia el sureste, la Loma de Benestepar donde se asienta un antiguo despoblado morisco.

El valle del río Almárchal
Tras una angarilla o puerta, comzamos una espectacular bajada entre viejos alcornoques, muy encajada entre pizarras y trozos de cuarzo, la Cuesta de la Bañuela. Aquí, comenzamos a tener buenas vistas sobre el valle del río Almárchal, donde observamos como la vereda se ponía más agreste al girar hacia el oeste y pasar por una solana rocosa y tremendamente empinada, el antiguo camino de herradura, que pasaba por las cabrerizas de la Mandanga o las Madres y llevaba a la confluencia del Almárchal (273 m) con la Garganta de la Cueva del Vaque, donde un llamativo colmillo de roca señalaba el lugar en el que está el Charco de la Vega (km 3.5).

Tras vadear el río y cruzar una nueva angarilla, anduvimos un corto tramo de carril, el de acceso a la Vega de los Almeces y el Cortijo de la Vainilla, que tuvimos que abandonar para alcanzar de nuevo la antigua vereda que subía por el paraje de las Rozas. Ésta desembocó al poco en un ancho carril, por el que llaneamos a través de un bosque de chaparros y quejigos junto con lentiscos, brezos cuchareros, aladiernos, labiérnagos y escobones. Al poco, el bosque cobijaba a ambos lados del carril un castañar en el que sorprendía el tamaño de los árboles. Desde aquí, obtuvimos nuevas vistas de Genalguacil, cerca de otro de los hitos del día, el Puerto del Lentisco (km 6.0).

La Alharía o Ajería
Progresivamente se iba abriendo el paisaje hacia la derecha, de modo que se contemplaba la cinta de chopos del Genal y las vegas de los Pepes, la Gamona y los Lobos entre la masa arbórea. Dos destacadas moles calcáreas cerraban el valle hacia el suroeste poniendo fin a la Serranía de Ronda, con la Sierra Crestellina a la izquierda y, al otro lado del río, el Hacho de Gaucín. Hasta llegar a La Alharía estaban la Fuente del Gas y los arroyos de los Adrianes y de los Caldereros. En medio de los dos últimos, en un cruce de veredas, había algunos de los lagares donde se fabricaba el aguardiente. Llegando al Puerto de Barrionuevo, un pequeño cerro a la derecha, tras el que se localizaban las principales construcciones de La Alharía (389 m).

Un poco más adelante, en un cruce múltiple de caminos forestales, abandonamos el Camino de Casares, que sigue al frente, muy encajado entre la arboleda, zigzagueando hacia el oeste pasando por la linde del Monte del Duque.

Los Montes del Duque
Esta propiedad, de vocación cinegética, con más de 2.000 hectáreas donde medran jabalíes (los más abundantes), ciervos, muflones, gamos y corzos (muy escasos) ocupa principalmente la cuenca del arroyo de los Zaharames y la Garganta de las Alberquillas, más al sur, delimitadas en el eje oeste-este por el Genal y Sierra Bermeja respectivamente.

El recorrido por la finca del Monte del Duque comenzó bajando por una empinada cuerda, que es linde, donde una vía de saca ha cortado en dos el antiguo sendero, cuyas redondas curvas aparecen a ambos lados. La exposición a la insolación por su orientación sur, hace que prospere un alcornocal con pinos resineros y un abundante matorral de jara pringosa, de bastante altura. Un par de ejemplares de chaparro, de grandes dimensiones, y una ruina a la izquierda, mediada la cuesta, daba paso a una zona más abierta desde la que se veían muy bien los meandros y vegas del también llamado arroyo de los Aljarames.

Así llegamos a los tarajales y cañaverales del vado (13:46 h), habilitado en tiempos por un grueso tronco que todavía puede servir para salvar el cauce en las crecidas, accediendo a un carril más ancho que tomamos a la izquierda, con el monte y un huerto de aguacates flanqueándolo.

Pronto abandonamos la pista forestal para pasar por una nueva cancela del Monte del Duque (13:50 h) mediante un vial que ha devenido en vereda. La dirección de la marcha era ahora nuevamente sur. Los Zaharames estában a muy poca altitud, 130 metros sobre el nivel del mar, y marcaban el kilómetro 9.5 del recorrido. Aún quedaban unos largos 7.5 kilómetros de subida hasta el Puerto de las Viñas (640 m) con más de 500 metros de desnivel.

El siguiente hito (13:58 h), claramente diferenciable, era la Huerta de Crespillo (184 m), donde había algunos cítricos junto a una casa en ruinas, dando comienzo otro buen paseo por el monte, que enfrentamos realizando varias paradas. La primera excusa fue un bosquecillo de durillos y madroños en las umbrías de las primeras curvas del carril. Al llegar a la Ensillada del Amolador, un puerto en la loma, teníamos el río Genal al oeste y la Garganta de la Cuesta al este, con sentidos de corriente de agua contrapuestos. Otra empinada cuesta más donde las curvas ayudaban a avanzar, en la denominada Cuerda de los Coloradillos, llamada así por el color del suelo.

En este ascenso, las cumbres de la loma las dejamos a la izquierda, habiendo determinados lugares despejados, en la divisoria de aguas, donde se abrían las vistas (14:17 h); hacia poniente, con Gaucín y su Castillo del Águila y a levante, Sierra Bermeja. Esto era especialmente remarcable en los alrededores de una caseta de vigilancia forestal, situada en alto, sobre un entramado de madera (14:35 h), que había en el kilómetro 11.5, a partir de la cual, además, la pendiente se suavizaba algo. Las dehesas de grandes alcornoques se iban sucediendo, circunstancia que aprovechamos parando a un lado del camino para reagruparnos, momento que elegimos para comer (15:05 h) y tomar un descanso.

Tras los bocadillos y antes de continuar, nos hicimos la foto de grupo, emprendiendo seguidamente la caminata (15:28 h) hasta llegar a una nueva encrucijada, pasando a la zona umbría de un cerro, el del Puerto Paloma, entrando en un hermoso quejigal donde, entre los brezos, destacaban algunos grandes arbustos de arrayán.

De vuelta a la zona de solana, tras un cruce en el que destacaba una gran piedra pizarrosa, había un excelente mirador natural hacia el bastión septentrional de Sierra Crestellina (4.561 m), al otro lado de la Garganta de la Alberquilla, luego, una zona más llana que han aprovechado los propietarios de la finca para rehabilitar, como ermita, la construcción conocida como el Cuartel (km 13.7), construir algunas naves y asentar un pequeño helipuerto (15:51 h).

El recorrido, siempre respetuoso con las propiedades del Monte del Duque, dejaba también fuera del trazado las oficinas y la residencia principal, la Majada de Madrid (16:45 h), cercada con un seto de cipreses, donde también  se sucedian los alcornocales y los quejigales. La tradicional saca de las corchas de la finca motivó la construcción de las naves anexas a la casa que se conocen como el Raspadero, en el que se recortaban las panas de corcho para apilarlas y sacarlas del monte.

Sierra Crestellina y el arroyo del Albarrán
Todavía en subida, aunque bastante más suave, Sierra Crestellina estaba cada vez más cerca, cuando accedimos a un nudo de comunicaciones muy importante, el Puerto de los Guardas. Era fácil localizarlo puesto que desde este viso se veía claramente por primera vez el mar, el destino del camino tradicional hacia Estepona, que baja por La Acedía. El sendero, no obstante, continuaba subiendo un poco para salir del Monte del Duque por una angarilla (17:00 h).

En el Puerto de las Viñas (km 17.1) había un panel anunciador de la parte final del sendero Crestellina Natural (17:04 h), comenzando el Paraje Natural (638 m). El Camino de las Viñas empezaba ahora a descender, utilizando un carril con zahorra, dejando a la derecha el arroyo del Albarrán y los perfiles enriscados de la sierra que acompañan al sendero en sentido sur.

En este tramo se sucedían, a izquierda y derecha, varias casas de campo, mientras se pasaba por el rebaje donde está la toma de agua de Casares. El arroyo se iba encajando entre pinos, alcornoques, encinas, algarrobos y acebuches, estando la Gran Senda de Málaga cada vez a mayor altura sobre el fondo del valle. Al fin se veía Casares al frente, ante nuestra vista, construida entre cortados y afilados picos con el Mediterráneo de fondo. Un mirador improvisado y un posterior descansadero daban paso a la Fuente de la Arqueta o de la Arquita (17:03 h).

Lo que restaba para finalizar la ruta era llegar hasta la carretera de circunvalación de Casares (18:06 h), continuando después hacia el Mirador de Casares (18:15 h) donde esperamos al autobús mientras nos tomábamos unos refrescos o cafés, en un restaurante cercano al mesón Casa Curro, que estaba cerrado, disfrutando de unas preciosas vistas del pueblo desde esta plataforma, hasta que al rato, tras un descanso, emprendimos el regreso pasadas las seis de la tarde.

A Estepona llegamos a las siete y veinte, parando en el Bar Estadio y dando por finalizada una bella ruta conducidos por Antonio Muñoz, excelente guía y gran conocedor de estos parajes, que nos fue ilustrando con sus comentarios los lugares por los que pasábamos, haciéndonos muy amena la excursión.
Hasta la próxima.

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   El grupo de 21 excursionistas en el Monte del Duque. De izquierda a derecha: Paquita Naranjo, Francisco Quirós, Francisca del Río, Sofía Mateos, Luis Naranjo, Julio Corbacho, Margaret O'Connor, José Antonio Quirós, Lola Criado, Francisco González, Alejandro Castro, Luis Clemente, Loli García, Gabriel Guerrero, Miguel Alonso, Ignacio Pérez de Vargas, Benjamín González, Javier Duarte y Rosa María Martín. Hace la fotografía José María Moreno.

  RECORRIDO POR CARRETERA DE ESTEPONA A GENALGUACIL


             
PERFIL Y DISTANCIAS DE LA RUTA

  
GALERÍA FOTOGRÁFICA 
(Fotos: Miguel Alonso, José Antonio Quirós, Ignacio Pérez de Vargas y Luis Clemente)



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