El día 7 de julio, festividad de San Fermín, amanecimos en la población de Predeal, resort de montaña, a más de mil metros de altitud, en el valle de Prahova, distrito de Brasov. El nombre de la ciudad deriva de la forma arcaica rumana “pre deal”, que significa en la colina.
Nos levantamos con la ilusión de disfrutar de nuestra primera ruta de senderismo por las montañas de Transilvania.
En el hotel, nos sirvieron un buffet, a modo de desayuno, que compartimos en las mesas asignadas para nuestro grupo.
El día se presentaba soleado y caluroso, así que con ropa adecuada y suficiente protección solar, nos montamos en el autobús, con el correspondiente saludo a nuestro amable conductor Mario “buna dimineata” (buenos días).
El autobús nos trasladó a un supermercado, en el que compramos los ingredientes del bocata y el agua, para la ruta.
Senderismo en Parque Nacional Pietra Craiuli
En el autobús llegamos a la entrada del Parque Nacional Pietra Craiuli, sobre el que nuestro programa de viaje dice literalmente: “Este parque guarda en su interior extensos bosques de abetos y hayas, poblaciones de osos….y unas curiosas formaciones rocosas”.
No dudamos que ello sea cierto, el hecho es que pronto comprobamos que la mayoría del trazado de nuestra ruta no coincidía con el paisaje descrito en el programa.
Iniciamos la ruta en la entrada al citado Parque Nacional, donde aparecía un panel, con el nombre, el mapa indicativo de su extensión y un letrero dando la bienvenida a los visitantes en rumano “Bine ati venit”.
Comenzamos a caminar por un amplio sendero, en ligero ascenso, con escasa vegetación, en cuyo trayecto coincidimos con una ciudadana rumana, que hablaba algo de español, que se dirigía a su casa, con la que algunos compañeros entablaron animada conversación.
En un punto del camino giramos a nuestra izquierda, para cruzar un arroyo, iniciando un ascenso más pronunciado por un estrecho sendero, que nos introducía en un espeso bosque de hayas, de forma que la sombra de estos árboles altos y esbeltos alivió el calor que veníamos padeciendo.
En algunos puntos, entre los árboles podíamos ver a lo lejos el perfil de la cadena montañosa de los Cárpatos, poblada de densos bosques.
De forma gradual, el bosque fue perdiendo espesura, siendo más frecuente los espacios abiertos, que aparecían sembrados de cereales y de heno, cercados con vallas y salpicados de casas rurales de los campesinos.
Los colores verde y dorado se entremezclaban en las colinas, según el grado de maduración de cada cultivo.
En esta época del año, bajo un sol abrasador, hombres y mujeres realizaban de forma manual las tareas de la siega del heno, que cortaban con asombrosa habilidad utilizando las guadañas y recogían con rastrillos, para apilar el heno seco en montones muy característicos de las zonas rurales de Rumanía, llamados “almiares”, consistentes en la colocación de un palo de madera central, alrededor del cual se apila el heno.
Las casas rurales, muchas de ellas construidas de madera y los montones de heno repartidos a lo largo y ancho de las colinas, en las que los campesinos se afanaban en el duro trabajo de la siega de forma manual, nada de cosechadoras, se convirtieron en los rasgos característicos del paisaje.
A campo abierto y a media mañana, el calor se iba convirtiendo en un elemento negativo que nos llevó a hacer un descanso en la terraza de una cafetería rural, donde tomamos algunas bebidas y disfrutamos de magníficas vistas sobre las colinas próximas a nosotros y la cadena montañosa como telón de fondo del paisaje, que teníamos frente a nosotros. En nuestro descanso, estuvimos acompañados de unos enormes y simpáticos gatos, que mezclaron con nosotros, como si nos conocieran de toda la vida.
Reanudamos el recorrido, cruzándonos con algunos vehículos agrícolas y saludando a los campesinos, que realizaban sus tareas próximas a las cercas, que separaban sus propiedades del camino.
La ausencia de árboles era tan notoria, que cuando decidimos buscar un sitio para tomar el bocadillo, no resultó nada fácil, así que a lo largo del camino y protegidos por la sombra de algunos arbustos, nos sentamos a disfrutar de un merecido descanso.
La atracción de la comida fue la botella de aceite puro de oliva y los maravillosos tomates de la tierra, que portaba nuestro compañero Juan de Dios, que amablemente compartió con todos los compañeros.
Reanudamos la marcha siguiendo un camino descendente hasta la aldea, e la que nos estaba esperando nuestro amigo Mario con su autobús, omito la referencia a las aldeas rurales que atravesamos, desde mi opinión, por falta de interés.
Visita en Bran al Castillo del Conde Drácula
En el autobús nos desplazamos hasta la pequeña ciudad de Bran, donde dicen que se encuentra enclavado el Castillo de Drácula.
Cuando nos bajamos del autobús, nos encontramos inmersos en un mercadillo, compuesto por un número considerable de tenderetes, que vendían multitud de objetos (souvenirs), muchos de ellos relacionados con la figura del Conde Drácula, para los numerosos turistas, que en una tarde calurosa, habían decidido encontrarse con el tópico de poco fuste creado artificialmente alrededor del Conde Drácula y sus castillos apócrifos.
Por supuesto, que admitimos como cierto que Vlad Tepes fue un señor medieval sanguinario, que vivió en el siglo XV, entre otros lugares, en Transilvania.
Nadie hubiese reparado en este vulgar personaje, que carece de todo interés desde un punto de vista histórico, si el escritor irlandés Abraham “Bram” Stoker no hubiese escrito la novela de terror titulada “Drácula” (1897), historia ficticia, que según algunas fuentes podría estar basada en el citado Vlad Tepes.
A la vista del escaso interés, por no decir ninguno, de la visita, un grupo decidimos ocupar nuestro tiempo en una cafetería a disfrutar de una amena conversación y de algunas bebidas.
De forma casual, gracias a Lucy, descubrimos las maravillosas limonadas, que se sirven en Rumanía, de las que disfrutamos el resto del viaje.
A la hora fijada, volvimos al autobús para regresar a nuestro hotel en Predeal.
Valoración del día
El día fue maravilloso, tuvimos la oportunidad de convivir con nuestros compañeros del Club, de contarnos mil anécdotas de nuestras vidas, en definitiva, de estrechar entre nosotros lazos afectivos, que resaltan día y a día, que formamos un grupo de amigos, que se reúnen para hacer senderismo, y a su vez, como no, para disfrutar de los fantásticos ratos de charla, a lo largo de la ruta, y por supuesto, alrededor de una mesa.
No existe una ruptura entre el relato del día y su valoración, por el contrario, es absolutamente coherente, y ahora diré por qué, en nuestro Club las jornadas son magníficas o son maravillosas, y digo esto, porque a través de ellas, disfrutamos más o menos de nuestro entorno, unas veces más atractivo y otras menos, pero hay algo cierto, siempre disfrutamos de la convivencia de los amigos del Club (por favor, no me tachéis de arcaico, me refiero a todos y a todas ).
Despido la crónica, con una duda, no sé si sois magníficos o maravillosos,
¿tiene alguien la respuesta?.
GALERÍA FOTOGRÁFICA
Fotos: Miguel Alonso
Visita a Brasov y Sighisoara
CRÓNICA: LOLA TRILLO
Salimos a las 9 horas de Predeal, después de tomar nuestro desayuno, para dirigirnos a Brasov. Una vez en la ciudad, cada uno se agrupó según sus preferencias recorriendo la localidad a nuestro aire. Así que haré una descripción de los sitios más emblemáticos.
Brasov
Es una de las ciudades más importantes de Rumanía en la región de Transilvania que se caracteriza por sus frondosos bosques y espesa vegetación.
Es una ciudad sajona, es decir, con una comunidad alemana que se instaló en ella hace siglos. Como en las otras ciudades sajonas, éstos, durante un tiempo, prohibieron a las demás nacionalidades el derecho de vivir dentro de las murallas defensivas de la ciudad. Una importante comunidad rumana, que estaba viviendo en esta pradera mucho tiempo antes de los sajones, se tuvo que desplazar a las afueras de la ciudad.
Estratégicamente ubicado en el centro de la geografía de Rumanía, Brasov fue construida por la Orden Teutónica en 1211 como un feudo suyo con un conjunto de poderosas fortificaciones que fueron capaces de detener o limitar el efecto destructivo de las invasiones mongólicas.
La ciudad de Brasov se asienta en las faldas del Monte Tampa, una reserva natural de 370 hectáreas y casi 1.000 metros de altitud perteneciente a los montes Cárpatos que se elevan por encima de la ciudad.
Es muy llamativo la existencia de unas enormes letras con el nombre de la ciudad, situadas en la colina al más puro estilo hollywoodiense.
Brasov es una ciudad agradable, limpia y acogedora. Posee una aire de ciudad medieval y pintoresca, como la Plaza Sfatului, la muralla, con sus Torres Blanca y Negra, la calle de la República, repleta de terrazas...
Casa del Consejo
La Casa del Consejo de Brasov se encuentra en el centro de la plaza Sfatului.
Los primeros documentos en los que se menciona este edificio datan del principio del siglo XIII, cuando las autoridades del condado de Barsa (en la provincia de Brasov) y la sociedad de los peleteros, llegaron a un acuerdo para la construcción de esta torre en 1420. Apenas terminada, fue derribada en 1421 por los otomanos. Durante varios siglos, fue la sede administrativa de la ciudad antes de que el ayuntamiento fuera trasladado a otro lugar más espacioso. A causa de los distintos incendios y terremotos que afectaron la Casa del Consejo durante los siglos, su arquitectura cambió bastante, pero sigue siendo un monumento simbólico de Brasov.
Desde 1950 el edificio acoge el Museo Histórico Regional y sus exposiciones. Allí se exponen objetos arqueológicos hallados en la región, armas de fuego antiguas, así como trajes tradicionales.
Plaza Sfatului
El nombre significa plaza del ayuntamiento y está en el centro medieval de Brasov. Antiguamente estaba protegida por las murallas de la ciudad y solamente los germanos podían vivir dentro de éstas murallas.
Es una plaza muy grande, que nos da una idea de la importancia de la ciudad en esta época. Fue construida por los sajones. Alrededor de la plaza, hay casas antiguas, de diversas épocas. Son bajas, no tienen más de 4 plantas, y forman un complejo homogéneo en su rededor. Antes, se organizaban ferias y mercados llegando gente de toda la región.
Mirador del monte Tampa
El Monte Tampa, se encuentra a más de 900 metros de nivel del mar.
Gran parte de Tampa es una reserva natural, debido a las especies raras que habitan juntas (obsiga Barsana, cruz Hale) especies deanimales (zorros, linces, osos, lobos, mariposas, pájaros, Brasov, Postavaru o Bucegi). Inicialmente, la fortaleza que protege a la ciudad de Brasov fue construida en el área de Tampa, pero fue destruida cuando el gobernante Vlad Tepes atacó, entre 1459-1460, la ciudad mandando empalar en la montaña a 40 comerciantes.
En 1950, Brasov se convirtió en la ciudad de Stalin. Tampa tuvo que soportar el corte de bosques, en el lado de la ciudad, de troncos de árboles para escribir el nombre del dictador.
En 2004 fue sustituido por las letras gigantes que forman el nombre de Brasov
Los descubrimientos arqueológicos mostraron huellas de la invasión romana, que dieron su nombre a la montana: "tempus", "temporis" vinculado a los sacrificios que los dacios hacían para el dios del tiempo, Uranus. Los teutones tradujeron el nombre dado por los romanos en alemán y la ciudadela del tiempo o del kronos se llamó Kronstdat, el nombre de la ciudad de los pies de Tampa.
Las leyendas no abandonaron la montaña y hoy en día también dicen que debajo de la montaña hay túneles.
Se encontraron excavados en la montaña, 3 o 4 túneles. Actualmente sólo uno es funcional, manteniendo la conexión entre el Ayuntamiento y las antiguas torres de la fortaleza
A los pies de Tampa los caminos son realmente bonitos, con bancos para descansar, árboles inmensos, pista de bici o patines, canchas de deporte y parques infantiles.
La calle de la república
La Republicii, la calle de la república, es la arteria central del viejo Brasov. Llega hasta la gran plaza del ayuntamiento antiguo de la ciudad. La calle es enteramente peatonal, y es un poco la rambla del pueblo. En ella hay un montón de tiendas de todo tipo y está repleta de restaurantes y terrazas.
La iglesia negra
Uno de los monumentos más destacables es la Iglesia Negra (Biserica Neagra), que es la iglesia gótica más grande de Rumanía. Fue construida entre 1383 y 1477, y destruida en gran parte tras la primera invasión turca en 1421, y el nombre que tiene actualmente se debe a un incendio que tuvo lugar en 1689 que dejó ennegrecidas las paredes. El interior es de una gran belleza, con sus pórticos de estilo gótico y las galerías de estilo barroco; las estatuas, la pintura mural y los asientos del siglo XVII y primera mitad del XVIII.
Y también los tapices de Anatolia de los siglos XVII y XVIII, que constituyen una de las colecciones más ricas de Europa. Pero uno de los mayores atractivos de la Iglesia Negra es el inmenso órgano de 4000 tubos construido entre 1836 y 1839, que es uno de los órganos más grandes de Europa.
Las fortificaciones
Desde la llegada de los sajones en el siglo XII, la ciudad se vio varias veces atacadas por turcos y mongoles, por lo que los sajones tuvieron que construir fortificaciones en torno a la ciudad. La mayoría fueron construidas entre 1400 y 1650: las murallas, las puertas y las torres defensivas. Todavía hoy se puede observar parte de la muralla, de 40 metros de altura, aunque la mayoría fue derribada en el siglo XIX para que la ciudad pudiera expandirse.
De los siete baluartes, sólo han sobrevivido unos pocos, como el que está situado al noroeste de la ciudad vieja; las Torres Blanca y Negra del siglo XV y el Bastión de los Herreros, uno de los siete originales construidos por los gremios de la ciudad. Éste último es donde se encuentran actualmente los más de cien mil documentos antiguos y raros, incluyendo 80 valiosas cartas de los siglos XIV al XVI, entre las que se encuentra la carta más antigua escrita en rumano en 1521 por un comerciante.
La Puerta de Schei (Poarta Schei) era la entrada al barrio de Schei desde la ciudad amurallada, y era la única entrada para los rumanos que vivían en Schei, a los que no se les permitía utilizar otras entradas.
Iglesia de San Nicolás
Esta iglesia se encuentra en el barrio de Schei y es una auténtica obra maestra de la arquitectura. Construida en madera en 1392, fue sustituida por una estructura de piedra en 1495 y ampliada considerablemente en el siglo XVIII. En ella se mezclan los estilos bizantino, gótico y barroco. Posee una torre alta en el centro y cuatro torres en las esquinas. Al igual que otras iglesias medievales, está rodeada por muros de protección con grandes puertas de madera.
Al lado de la iglesia de San Nicolás se encuentran su biblioteca y archivo, y la que fue la primera escuela rumana. Esta última es hoy en día un museo, pero fue durante siglos uno de los principales centros de aprendizaje de los rumanos.
El museo alberga más de 4.000 libros, muchos de los cuales fueron impresos y copiados a mano aquí, ya que la escuela poseía una imprenta de 1556, que imprimió algunos de los primeros libros escritos en lengua rumana. En el museo se encuentra la biblia más antigua, impresa en piel de cabra.
La sinagoga
Es el lugar de culto hebreo construido entre 1899 y 1901, de estilo gótico con influencias moras, elementos decorativos góticos y romanos. Está ubicada en el fondo de la pequeña calle de la Cadena, alrededor de un monumento a las víctimas del Holocausto y un pequeño restaurante judío.
Sighisoara
Llegamos a esta ciudad a las 5 de la tarde. Se distribuyeron las habitaciones y seguidamente quedamos para echar el primer vistazo a la ciudad, que nos causó una bonita impresión.
Sighisoara fue la cuna y el principado de Vlad Tepes, el mismo que inspiró el personaje de Drácula, una de las ciudades más bellas de Rumanía, con un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad.
La torre del reloj de Sighisoara llama la atención cuando te vas adentrando en la ciudadela, reinando erguida y orgullosa desde lo más alto de la colina central.
Pasamos por delante de la casa natal de Vlad Tepes, Drácula, hoy convertida en restaurante y continuamos subiendo las calles empedradas hasta llegar a la bodeguita de Teo (el alquimista), un lugar muy agradable y cuya entrada es un precioso patio lleno de cuidada y hermosas flores. Degustamos sus licores, y de paso, nos llevamos algún licor para regalo.
Volvimos al hotel para refrescarnos, descansar un poco y prepararnos para la cena, al final de la cual algunos dimos una vuelta por la calle principal y otros optaron por tomar una copa y escuchar música en una agradable terraza del hotel.
GALERÍA FOTOGRÁFICA
Fotos: Miguel Alonso